Alemania
está poblada por 81,7 millones de habitantes de los cuales 15
millones son de origen extranjero (aunque más de la mitad han
obtenido la nacionalidad alemana). En base a datos de 2009, tiene
665.000 nacimientos anuales, y 842.000 defunciones, lo que hace un
crecimiento vegetativo negativo de 191.000 ciudadanos. Pero lo que es
más grave es el ritmo de progresión de esta situación. En el año
2000, tuvieron 766.000 nacimientos y 846.000 defunciones. Un saldo
negativo de 71.000. Pero es que partieron de un saldo negativo de
47.000 en 1.997. Las previsiones demográficas actuales dan a
Alemania una población de 67 a 71 millones de habitantes para 2050.
La situación demográfica en Alemania es un auténtico caos, y
amenaza con quebrar todo el sistema económico y de bienestar social
(incluido el sistema de pensiones), si no se corrige. Y la única
forma de compensación que han encontrado hasta el momento ha sido la
inmigración de mano de obra cualificada del resto de Europa.
En
Alemania viven 7 millones de extranjeros, igual a un 8,5% de la
población. Esta cifra ha disminuido aproximadamente en 600.000
individuos respecto a los últimos años, ya que aumentó el número
de extranjeros que adquirieron un pasaporte alemán y disminuyó el
flujo de inmigración debido al endurecimiento de las leyes de asilo.
Más
de un millón de personas obtuvieron un pasaporte alemán entre 2000
y 2005. De éstos, 200.000 son niños nacidos en Alemania de padres
extranjeros. Uno de cada cuatro recién nacidos tiene un padre o una
madre extranjeros.
Independientemente
de que tengan o no pasaporte alemán, 15 millones de personas son
inmigrantes o hijos de inmigrantes y uno de cada cinco matrimonios es
binacional en Alemania. Por otra parte, el programa llamado
"Green-Card (alemana)" lanzado en el año 2000 fue un
fracaso y no logró impulsar la inmigración de técnicos calificados
que pretendía. Alemania no reconoce muchos de los estudios
realizados en universidades de países del "Tercer Mundo",
aun si el nivel académico sea igual o incluso superior al de las
universidades alemanas. Tal es el caso de ingenieros informáticos
provenientes de la India. El gobierno es consciente de que el
desarrollo económico y la inmigración son dos caras de una misma
moneda y de que el futuro del país depende de una regulación eficaz
de la inmigración.
En
una declaraciones a Dier Spiegel el pasado mes de Febrero, la
ministra de trabajo de Alemania Ursula Von der Leyen, calificó de
golpe de suerte para Alemania, el creciente número de inmigrantes
cualificados procedentes del sur de Europa que llega a su país en
busca de nuevas oportunidades profesionales: “El nuevo perfil
cualificado de la inmigración es un golpe de suerte. Ayuda a nuestro
país, lo rejuvenece y lo hace más creativo e internacional”
afirmó.
En
resumen parece ser que en Alemania existe un serio problema
demográfico y de crecimiento vegetativo, que hace imprescindible
según los expertos la entrada de 400.000 inmigrantes cualificados
anuales más de las que dejan el país, para alcanzar 5,5 millones de
profesionales cualificados en 2025, para que Alemania pueda mantener
su capacidad productiva actual.
El
constante envejecimiento que la población alemana ha experimentado
en los últimos decenios, obliga al Estado a adoptar nuevas formas
para lograr un mayor flujo inmigratorio; sin embargo, Alemania tiene
un sistema de leyes menos desarrollado respecto al flujo migratorio
que otras naciones como Francia o el Reino Unido.
Pero,
¿Cómo conseguirlo? Habiendo fracasado el plan “Green Card”, por
el que se pretendía conseguir la mano de obra cualificada por el
atractivo que ofrece el país en sí mismo, la crisis de deuda que
comenzó en 2007, se presentó como la ocasión perfecta para
solucionar el déficit demográfico alemán. La caída de las
economías del Europa ha terminado generando altos niveles de
desempleo en Grecia, España, Portugal y ahora poco a poco Italia.
Estos altos niveles de desempleo, acaban deteriorando la estructura
económica y los sistemas de protección social de estos países.
Cuando han necesitado rescates económicos, el precio a pagar ha sido
la austeridad fiscal, en forma de más recortes sociales y subidas de
impuestos, que han terminado provocando auténticos austericidios
económicos. La Emigración de esa tan deseada mano de obra
cualificada del sur hacia Alemania se ha materializado. En realidad,
los países del sur estamos rescatando Alemania, de su crack
demográfico.
Mucho
desempleo, continuará forzando el éxodo de esa mano de obra vital
para la continuidad del motor económico alemán. Una emigración
forzada por los problemas económicos, estará dispuesta a aceptar
sueldos más bajos, y por tanto podrán seguir siendo competitivos en
el mercado global. Es la Alemania de Merkel: Una economía para
grandes empresas y un pueblo que tiene una economía de subsistencia
para muchas capas de su población que no pueden otra cosa sino
aceptar los min-ijobs y la precariedad laboral. Un entorno
socio-económico poco favorable para que los alemanes y alemanas se
aventuren a traer muchos niños al mundo.
Teniendo
en cuenta esta cuestión, entendemos que si no fuera por esta crisis,
el problema demográfico alemán, habría puesto en la picota a todo
el sistema productivo del país, el mantenimiento de su estado del
bienestar, y de su sistema de pensiones. Si no fuera por la crisis
del euro, los rescates de Grecia, Portugal, Irlanda, Chipre, y los
problemas de Italia y España, y las amenazas que se ciernen sobre el
resto del continente, sería Alemania la que entraría en estado de
shock, por su problema demográfico, y es que el nivel de nacimientos
de Alemania es uno de los más bajos del planeta. Desde luego la
política económica y social de Merkel no ayuda para nada, que esta
situación se invierta, y amenaza con enclaustrar a todo el
continente en un pernicioso círculo vicioso: Precariedad del sistema
laboral alemán que multiplica exponencialmente el crecimiento
vegetativo negativo alemán, lo cual conduce a que el austericidio en
Europa deba continuar gradualmente para asegurar permanentes elevadas
tasas de desempleo en determinados países, lo que ha de forzar la
emigración cualificada a Alemania, emigrantes que una vez asentados
en un país con alto nivel de vida, donde no puede permitirse tener
más de dos hijos en el mejor de los casos, pero que como los
salarios son bajos, pueden seguir exportando a unos países del sur
de Europa, que mantienen sus economías en base a la subsistencia y
ayudas de sus ciudadanos emigrados en muchos casos.
Es
un círculo vicioso que puede durar décadas, con picos de subida de
la economía, pero que en en términos globales harán que entremos
en una senda de decrecimiento sostenido, en el que los ciudadanos
sean los paganos. El decrecimiento sostenido, y no sostenible como
han soñado muchos desde la izquierda, está aquí, se ha asentado, y
se sostendrá insosteniblemente durante mucho, mucho tiempo. Es previsible que en Europa vivamos muchas épocas de crisis durante esta primera mitad del siglo XXI. Soy optimista por naturaleza, y espero que para la segunda mitad, tengamos claro otra forma de crecimiento alternativa.